Festeja en México los 80 años de la Orquesta Filarmónica de Israel.

Su función es ayudar a que el director musical cumpla sus sueños. (Héctor Téllez)

La música une a la gente: Avi Shoshani

“Si al final del concierto en los rostros hay una sonrisa, eso es mucho en estos tiempos atribulados”, dijo.

México

Cuando Avi Shoshani se unió a la Orquesta Filarmónica de Israel (IPO, por su sigla en inglés) en 1973, no tenía claras sus expectativas. Recuerda: “Sabía que me estaba uniendo a una de las organizaciones artísticas más fantásticas de Israel y del mundo, pero no tenía idea de lo que me esperaba”.

Sabía, también, que el director de la IPO, Zubin Mehta, era una leyenda y que estaría trabajando con él. “Llegar ahí fue para mí empezar desde cero, sin saber que sería la experiencia de mi vida. Para mí, ser director ejecutivo de la orquesta no es un trabajo: se ha convertido en una forma de vida”.

Shoshani está en Ciudad de México al frente de una delegación que celebra la intensa historia de la IPO con el estreno en México del documental sobre sus 80 años de existencia. Además de la exhibición de la cinta en el Museo Nacional de Antropología, ayer en la noche se presentaron tres jóvenes músicos de Israel: Danielle Akta, violonchelista; David Radzynski, primer violinista de la IPO, y Tom Borrow, pianista.

La relación de Shoshani con Mehta, ahora director musical vitalicio de la IPO, ha sido muy intensa. Dice el primero: “Trabajar con él es un privilegio. A pesar de que es un genio, de que sabe que solo hay un Zubin Mehta, deja en claro que está comprometido con la vida real. Te mira directo a los ojos y es muy entusiasta e intelectualmente curioso. Además de las cuestiones de su profesión, también sabe de política y cultura y le interesan mucho los deportes. Una vez que te das cuenta de que él está ahí y el resto estamos acá, nos beneficia a todos”.

Shoshani comenta su nivel de comunicación con Mehta: “Apenas oigo la mitad de una oración y ya sé lo que quiere. Mi concepto de un director ejecutivo es que estoy ahí para ayudar a que el director musical cumpla sus sueños. Por supuesto que hay problemas y discusiones, pero trabajamos para el mismo propósito: hacer buena música y que la orquesta sea mejor”.

La IPO ha tocado en medio de conflictos armados. ¿Podría evocar algún episodio?

Los conciertos que dábamos durante la guerra del golfo. En esa época desafortunadamente nuestro auditorio no estaba bien resguardado, así que buscamos otro lugar para tocar porque, como siempre sucede, cuando hay guerra a la gente le gusta relacionarse con cosas que le recuerdan la parte humanitaria de la vida, la buenas cosas que la vida ofrece, como la música, la cultura y el estar juntos. Encontramos un lugar para tocar todas las tardes en un teatro pequeño, pero teníamos que terminar a las seis de la tarde porque más tarde era peligroso. El lugar estaba lleno porque la gente llegaba y se paraba durante horas para alcanzar lugar en los conciertos. Nunca los olvidaré, fueron muy especiales.

¿Cuál es la función social de la música?

La música no puede provocar cambios y no tiene ninguna influencia política, pero une a la gente. Si tienes a dos mil personas sentadas juntas toda la tarde escuchando lo mismo y salen con una sonrisa, eso es un gran logro. Si algo sabemos de seguro es que la música es un lenguaje internacional: tocas para un público japonés o para uno mexicano y el resultado es el mismo. Si al final del concierto en la gente hay una sonrisa, una buena sensación, eso es mucho en estos tiempos atribulados en los que estamos viviendo.

EL “CROSSOVER” ES SOLO UN PRODUCTO

Avi Shoshani no es partidario del crossover, cruce de lo clásico con lo popular, como forma de atraer público: “No soy esnob, pero si llevas al público hacia el crossover eso no significa que al mes siguiente venga a comprar boletos para escuchar una sinfonía de Brahms. Es un producto que cumple ciertas necesidades, con sus propios consumidores y, al menos, los expone a un concepto de orquesta sinfónica.

Mientras haya demanda de crossover, se seguirá promoviendo, pero no es una herramienta para atraer a la gente hacia la música clásica. Algunos de los que asistan a los conciertos podrían acercarse, pero es una minoría”.

Añade que “vivimos un periodo muy enigmático en el que no sabemos hacia dónde irá la música clásica. Se prueba todo, pero nadie sabe realmente. Muchos jóvenes estudian música, algunos quieren ser solistas y otros unirse a una orquesta. En Tel Aviv tenemos una escuela con muchos estudiantes, algunos de los cuales terminan por unirse a nuestra orquesta”.

Fuente Milenio

via Diariojudio.com

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