Israel no cederá el Golán a los terroristas


Las fronteras artificiales delineadas por Mark Sykes y François Georges-Picot en 1916 aún no han muerto, pero al igual que los viejos soldados sólo se están desvaneciendo. Irak está en crisis, Siria está cayendo a pedazos y el Estado islámico, instalado en partes de Irak y Siria, ha borrado la frontera entre Irak y Siria.

Tim Arango, jefe de la oficina de The New York Times en Bagdad, escribe: “parece justo hacer una pregunta que ha acosado a las potencias extranjeras durante casi un siglo: ¿Irak llegará a tener un Estado que funcione en paz consigo mismo?”

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La misma pregunta se le formula, sin duda, sobre Siria, que también fue creado de conformidad con el tratado Sykes-Picot. Los dos estados son construcciones artificiales improvisadas por Gran Bretaña y Francia – poderes imperiales en otro tiempo, pero por ahora ni potencia ni imperial.

No obstante, gran parte del mundo parece tener una fijación con las fronteras artificiales trazadas en el mapa de Oriente Medio en ese momento. Una fijación que no quiere llegar a un acuerdo con la realidad sobre el terreno. Los Estados Unidos continúa invirtiendo recursos en Irak en un esfuerzo aparentemente vano de mantenerla como un solo estado incorporando a los árabes chiíta y a los árabes sunitas y kurdos. Un esfuerzo paralelo está siendo hecho por los Estados Unidos y Rusia para llegar a un arreglo que reconstruya Siria a como lo era antes.

La matanza continúa, mientras que el éxito parece escapar de ellos. ¿Ha llegado el momento de abandonar la fijación con fronteras artificiales dibujado hace cien años?.

La misma pregunta es pertinente con respecto a los Altos del Golán. La frontera entre el mandato británico de Palestina y Siria exigidos por Francia se determinó mediante negociaciones anglo-francesas en 1923 después que la Primera Guerra Mundial alteró las líneas definidas por el Acuerdo original de Sykes-Picot, moviendo los Altos del Golán hacia el lado sirio de la frontera.
Durante los siguientes 44 años los Altos del Golán eran parte del territorio sirio, por primera vez como parte del mandato francés, y después de la Segunda Guerra Mundial como parte de una Siria independiente. Luego siguió el control israelí, en respuesta al ataque sirio en Israel en junio de 1967.

El primer ministro israelí, Biniamin Netanyahu, posa con los ministros antes de la reunión semanal del gabinete israelí en el Los Altos del Golán el domingo17 de abril de 2016. Sebastián Scheiner, AP

Ahora han transcurrido 49 años desde que los Altos del Golán han sido parte de Israel. En 1981, el Knesset aprobó una ley que incorpora el área a Israel. Aunque no es reconocido por la comunidad internacional, los hechos sobre el terreno hablan por sí mismos.

La calma y el orden reina en el lado israelí de la frontera, mientras que los combates del lado sirio y la matanza ha continuado durante los últimos cinco años.

Una negativa internacional a tomar conocimiento de los cambios en el terreno no se limita a Irak, Siria y los Altos del Golán. Incluye la insistencia en que las líneas de armisticio de 1949 que se acordaron entre Jordania e Israel determinarían las fronteras de un futuro Estado palestino, y una obstinada negativa a reconocer a Jerusalém como la capital del Estado de Israel.

De acuerdo con la segunda ley de la termodinámica no hay procesos reversibles en la naturaleza. Nada puede volver exactamente a su estado original. Esta ley no se puede sostener en las relaciones internacionales, pero las excepciones son pocas y distantes entre sí.

Guste o no, Israel no va a abandonar los Altos del Golán. El enclave no será entregado a los terroristas del Estado Islámico, Al-Qaida o el Frente Nusra, o a quien sobreviva al baño de sangre sirio. Jerusalém seguirá siendo la capital de Israel, y parece muy poco probable que las líneas de armisticio de 1949 se convertirán en las fronteras permanentes de Israel.

La reunión del gabinete israelí en Maaleh Gamla en los Altos del Golan, y la declaración del primer ministro de que el Golán seguirá siendo una parte permanente de Israel no fueron gestos vacíos. Eran un llamado al mundo a reconocer los hechos sobre el terreno.

La idea de que el reloj de la historia se puede configurar de nuevo, que los procesos históricos pueden ser invertidos, que las fronteras arbitrariamente delimitadas por las potencias extranjeras, con el tiempo se conviertan en accesorios permanentes, es surrealista. En el tiempo esto será reconocido por todos.

Por: Moshe Arens | En: HaAretz | Traduce: Yojanan Sarmiento

4 Comments

  1. Las naciones deberían reconocer que Israel tiene que convivir EN LA MAYORÍA DE SUS FRONTERAS, con grupos terroristas islámicos que desean EXTERMINARLOS y "conquistar sus tierras para Alá" a cualquier precio, por lo tanto NO PUEDE DARSE EL LUJO de cederles lugares estratégicos que ya fueron utilizados en su contra en el pasado y menos cederles tierras a los palestinos de Hamás para fundar su "Estado Islámico Palestino" en una proximidad tal que sería INDEFENDIBLE.

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